29 dic. 2010

El tacto...

Estos últimos días he podido hacer otros dos pequeños entrenamientos descalzo, o mejor dicho, con mínima protección para evitar el frío y la humedad de esta época.
De momento las molestias son mínimas y normales debido al proceso de adaptación a nivel muscular y articular.

Es difícil describir las sensaciones de correr con los pies liberados del colchón amortiguador y la presión asfixiante de la tela y los refuerzos, es una sensación nueva y muy distinta a lo que yo me imaginaba.  Y es que los prejuicios nos atan de una manera increíble.





A primera hora me calzo las pantuflas y me pongo en marcha con miedo a clavarme todas y cada una de las piedras e irregularidades del terreno, nada más empezar siento las primeras imperfecciones que bien podrían dejarme dolorido o lesionado una larga temporada pero no, sorprendentemente voy flotando y eso que yo soy de los torpes y pesados. Los pies, extremadamente delicados y sensibles, sienten y detectan estos "problemas" que van surgiendo en el camino, mi pisada y mi cuerpo van amoldándose al terreno de una forma natural y las piedras pasan a ser sensaciones, no dolores.

Hace unos meses me quejaba de la delicada suela de las Salomon, a los 200 o 300 kilómetros de uso me clavaba todas las piedras y me hacía daño de verdad. Mis pies no rectificaban al encontrarse con una piedra porque no sentían la necesidad de hacerlo al ir tan "protegidos", además al llevar menos frecuencia y una zancada más larga el apoyo era más violento... todo esto hacía que sufriera de verdad en mis jornadas por el monte, teniendo que parar en alguna ocasión del dolor en los metatarsos o en los talones.





Ahora en mis primeros entrenos "barefoot" llevo una fina goma protectora pero siento que he recuperado un sentido adormilado, el tacto.
Soy de esas personas que disfrutan mucho con texturas como la arena, el terciopelo, la piel de un niño, alfombras, moquetas...  y es que queramos o no, seamos más o menos sensibles... el tacto es fundamental, también para los runners.

Los corredores deberíamos mimar a los subestimados y maltratados pies, impedir que se apiñen y deformen y darles mayor libertad para que puedan recibir correctamente la información del terreno, al fin y al cabo están hechos para percibir sensaciones a través de la piel, están hechos para sentir.

Es muy placentero y gratificante contactar libremente con la tierra y correr sobre ella, te notas más motivado, más libre, más realizado y más humano que si lo haces con unas zapatillas normales... puede sonar raro, lo sé.

Un saludo

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